/ miércoles 10 de julio de 2024

La política exterior feminista: un hito para México

por Andrea Navarro


La primera vez que el mundo occidental empezó a hablar formalmente de una política exterior feminista´ fue en 2014, gracias a un país donde a pesar de que el 51% de su población era conformado por mujeres, poco se había avanzado en materia de igualdad de género y las prioridades al exterior con socios comerciales estratégicos del Medio Oriente para nada tenían en la mira asegurar el rol de las mujeres en la toma de decisiones centrales.

Como sabemos, en Suecia la Ministra de Relaciones Exteriores, Margot Wallström, quien fuera -en ese entonces- una de las pocas mujeres representantes en la Comisión Europea y la primera mujer nombrada por Naciones Unidas como comisionado especial para la Violencia Sexual en Conflictos, fue pionera en reformar la manera de hacer política empezando por priorizar la lucha feminista, dando origen a una “nueva forma” de hacer política exterior poniendo a la igualdad de género en el centro.

Diez años después, más de 20 países entre los que se encuentran Noruega, Francia, Canadá, México, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, España, Albania, Alemania, Australia, Bélgica, Dinamarca, Israel, Liberia, Luxemburgo, Mongolia, Ruanda, el Reino de los Países Bajos y Túnez, se han sumado a la tarea de construir una Política Exterior con enfoque feminista.

Es sabido que, aunque no existe una definición universal de lo que es una política exterior feminista, la misma -desde su origen- es una política que busca asegurar los derechos y la participación de las mujeres en el proceso de toma de decisiones, incluyendo las negociaciones de paz, así como garantizar a través de sus directrices y enfoques feministas, interseccionales y disruptivos, la plena aplicación de instrumentos internacionales como la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y (por supuesto) la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés).

En ese sentido, desde el año 2020, México fue el primer país del Sur Global en adoptar una Política Exterior Feminista (PEF), en la que -muy similar a la experiencia de Suecia- se inició un proceso de transformación al interior de la Secretaría de Relaciones Exteriores mediante un documento guía que pudiera eliminar la subrepresentación de la mujer en la diplomacia mexicana, así como en el resto de su estructura, para asegurar la cuota de género y así garantizar su crecimiento profesional y la igualdad en la toma de decisiones. Adicionalmente, la labor diplomática en todos los foros con organismos internacionales, así como en las estrategias de cooperación, tendría como prioridad el cumplimiento de compromisos y acuerdos para garantizar los derechos de las mujeres, adolescentes y niñas.

El gobierno mexicano ha sido duramente criticado en los últimos 3 años por sus altos índices de violencia hacia las mujeres y niñas, ya que de acuerdo con medidores de paz y seguridad de las mujeres (Georgetown Institut, 2023), México aún sigue siendo el país con la mayor cantidad de feminicidios e impunidad en agresiones sexuales hacia las mujeres en América Latina. Por otro lado, han existido avances sustanciosos en materia de de protección y defensa de los derechos de las mujeres (aunque iniciados por las sobrevivientes de actos de extrema violencia, como la Ley Olimpia o la Ley Malena), donde el poder legislativo ha aprobado leyes para tipificar y castigar con mayor severidad actos que atenten contra su seguridad y su vida. No obstante, la reducción en las brechas salariales y de ocupación laboral, así como en la salud integral de las mujeres, no reportan un avance significativo y, por lo tanto, especialistas coinciden en que México logrará la igualdad de género -al menos en el ámbito laboral- hasta el año 2052 (IMCO, 2023).

Independientemente de los retos pendientes en la política interior mexicana, la realidad es que los avances en materia de política exterior con enfoque feminista han ganado reconocimiento a nivel internacional. Tan es así, que en el Feminist Foreign Policy Index de 2023, la PEF de México, junto con la de Suecia y Noruega, se ubicó en los tres primeros lugares, siendo el primer lugar como pionera en América Latina. Sin duda un hito histórico que México lidere, a 4 años de su creación, la agenda feminista al exterior y aún más importante cuando por primera vez en la historia este país tendrá a su primera mujer STEM Presidenta.

El papel de México como ejemplo de una buena política exterior feminista ha sido tan grande que, recientemente, se llevó a cabo en la Ciudad de México la III Conferencia Ministerial sobre Políticas Exteriores Feministas “Soluciones para un mejor mañana", cuyas primeras dos ediciones fueron realizadas en Europa, y la cual concluyó en la firma de la Declaración sobre Derechos de la Mujer, contando inicialmente con 19 países signatarios, y logrando una participación de más de 40 países, representantes del sector privado, organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil, quienes analizaron las prioridades con perspectiva de género en materia de paz y seguridad, así como agregando la discusión en materia de ciencia, tecnología y cooperación digital, temas sin duda de alta prioridad en la agenda internacional actual.

México cuenta con todo a su favor para iniciar un nuevo capítulo en la construcción de una PEF con propósito, con lo que pueda por fin alcanzar tanto al interior como al exterior la igualdad de género y eliminación de todas las brechas pendientes en la agenda del futuro.


Internacionalista y miembro de la Unidad de Estudio y Reflexión de Sociedades del Conocimiento, y Ana Deni García, comunicóloga y miembro de la Unidad de Estudio y Reflexión de Mujer, Género y Diversidad en Política Exterior del COMEXI.

por Andrea Navarro


La primera vez que el mundo occidental empezó a hablar formalmente de una política exterior feminista´ fue en 2014, gracias a un país donde a pesar de que el 51% de su población era conformado por mujeres, poco se había avanzado en materia de igualdad de género y las prioridades al exterior con socios comerciales estratégicos del Medio Oriente para nada tenían en la mira asegurar el rol de las mujeres en la toma de decisiones centrales.

Como sabemos, en Suecia la Ministra de Relaciones Exteriores, Margot Wallström, quien fuera -en ese entonces- una de las pocas mujeres representantes en la Comisión Europea y la primera mujer nombrada por Naciones Unidas como comisionado especial para la Violencia Sexual en Conflictos, fue pionera en reformar la manera de hacer política empezando por priorizar la lucha feminista, dando origen a una “nueva forma” de hacer política exterior poniendo a la igualdad de género en el centro.

Diez años después, más de 20 países entre los que se encuentran Noruega, Francia, Canadá, México, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, España, Albania, Alemania, Australia, Bélgica, Dinamarca, Israel, Liberia, Luxemburgo, Mongolia, Ruanda, el Reino de los Países Bajos y Túnez, se han sumado a la tarea de construir una Política Exterior con enfoque feminista.

Es sabido que, aunque no existe una definición universal de lo que es una política exterior feminista, la misma -desde su origen- es una política que busca asegurar los derechos y la participación de las mujeres en el proceso de toma de decisiones, incluyendo las negociaciones de paz, así como garantizar a través de sus directrices y enfoques feministas, interseccionales y disruptivos, la plena aplicación de instrumentos internacionales como la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y (por supuesto) la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés).

En ese sentido, desde el año 2020, México fue el primer país del Sur Global en adoptar una Política Exterior Feminista (PEF), en la que -muy similar a la experiencia de Suecia- se inició un proceso de transformación al interior de la Secretaría de Relaciones Exteriores mediante un documento guía que pudiera eliminar la subrepresentación de la mujer en la diplomacia mexicana, así como en el resto de su estructura, para asegurar la cuota de género y así garantizar su crecimiento profesional y la igualdad en la toma de decisiones. Adicionalmente, la labor diplomática en todos los foros con organismos internacionales, así como en las estrategias de cooperación, tendría como prioridad el cumplimiento de compromisos y acuerdos para garantizar los derechos de las mujeres, adolescentes y niñas.

El gobierno mexicano ha sido duramente criticado en los últimos 3 años por sus altos índices de violencia hacia las mujeres y niñas, ya que de acuerdo con medidores de paz y seguridad de las mujeres (Georgetown Institut, 2023), México aún sigue siendo el país con la mayor cantidad de feminicidios e impunidad en agresiones sexuales hacia las mujeres en América Latina. Por otro lado, han existido avances sustanciosos en materia de de protección y defensa de los derechos de las mujeres (aunque iniciados por las sobrevivientes de actos de extrema violencia, como la Ley Olimpia o la Ley Malena), donde el poder legislativo ha aprobado leyes para tipificar y castigar con mayor severidad actos que atenten contra su seguridad y su vida. No obstante, la reducción en las brechas salariales y de ocupación laboral, así como en la salud integral de las mujeres, no reportan un avance significativo y, por lo tanto, especialistas coinciden en que México logrará la igualdad de género -al menos en el ámbito laboral- hasta el año 2052 (IMCO, 2023).

Independientemente de los retos pendientes en la política interior mexicana, la realidad es que los avances en materia de política exterior con enfoque feminista han ganado reconocimiento a nivel internacional. Tan es así, que en el Feminist Foreign Policy Index de 2023, la PEF de México, junto con la de Suecia y Noruega, se ubicó en los tres primeros lugares, siendo el primer lugar como pionera en América Latina. Sin duda un hito histórico que México lidere, a 4 años de su creación, la agenda feminista al exterior y aún más importante cuando por primera vez en la historia este país tendrá a su primera mujer STEM Presidenta.

El papel de México como ejemplo de una buena política exterior feminista ha sido tan grande que, recientemente, se llevó a cabo en la Ciudad de México la III Conferencia Ministerial sobre Políticas Exteriores Feministas “Soluciones para un mejor mañana", cuyas primeras dos ediciones fueron realizadas en Europa, y la cual concluyó en la firma de la Declaración sobre Derechos de la Mujer, contando inicialmente con 19 países signatarios, y logrando una participación de más de 40 países, representantes del sector privado, organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil, quienes analizaron las prioridades con perspectiva de género en materia de paz y seguridad, así como agregando la discusión en materia de ciencia, tecnología y cooperación digital, temas sin duda de alta prioridad en la agenda internacional actual.

México cuenta con todo a su favor para iniciar un nuevo capítulo en la construcción de una PEF con propósito, con lo que pueda por fin alcanzar tanto al interior como al exterior la igualdad de género y eliminación de todas las brechas pendientes en la agenda del futuro.


Internacionalista y miembro de la Unidad de Estudio y Reflexión de Sociedades del Conocimiento, y Ana Deni García, comunicóloga y miembro de la Unidad de Estudio y Reflexión de Mujer, Género y Diversidad en Política Exterior del COMEXI.