Los últimos momentos de Jesús en su camino al Calvario, que estuvieron llenos de dolor, humillación y escarnio, fueron protagonizados por 175 iztapalapenses participantes en la Representación de la Pasión de Cristo, la cual culminó cerca de las 16 horas con la crucifixión del Mesías en el Cerro de la Estrella.
CAMINO AL CALVARIO
El drama, iniciado el jueves con la escenificación de la Última Cena, la aprehensión del Mesías y su encarcelamiento, culminó ayer con la camino de dolor de Jesús con rumbo al calvario, instalado en el Predio de la Pasión del Cerro de la Estrella.
El martirio del Cristo, protagonizado por Antonio Reyes, inició cerca de la una de la tarde, cuando fue sacado de la cárcel y conducido ante Poncio Pilatos, papel que corrió a cargo de Alfonso Reyes Ramírez.
Con el reclamo de “Justicia, justicia, justicia. Que salga el gobernador”, los integrantes del Sanedrín, encabezados por Anás y Caifás, llevaron a Cristo ante el pretor romano y le exigieron sentenciarlo a muerte, porque, según ellos, se proclamaba rey, recomendaba no pagar tributo al César y hacia milagros el sábado.
Sin embargo, Pilatos opinó que esas acusaciones no hacían a Jesús reo de muerte, por lo que rechazo las presiones de los fariseos y remitió al nazareno a Herodes, para que decidiera su suerte.
Herodes, que es interpretado por Roberto Guillen Flores, es presentado en la Pasión como era en la vida real, un monarca que gozaba de la buena vida, sibarita, y ante quienes bailaban las mejores doncellas de la comarca.
Los fariseos le llevan a Jesús y al igual que con el pretor romano le exigieron condenarlo a muerte y ante ello, el tetrarca le pidió a Jesús hacer milagros y ofreció arrodillársele si lograba resucitar al mismo Rey David, o convertir el agua en vino, pero ofuscado porque el Mesías no accede a sus caprichos.
“Pónganle una ropa blanca, de tela tosca y llévenlo por las calles”, ordenó entonces y así mandó de nuevo a Jesús de Nazaret a Pilatos para que decidiera su suerte legal, la cual ya había sido decidida de antemano por el Sanedrín.
Una vez más Poncio Pilatos trato de salvar la vida al redentor, ordenó azotarlo para calmar la sed de sangre de los fariseos; ofreció indultarlo a él o Barrabas y los integrantes del Sanedrín logran que éste sea liberado, pero todo fue inútil y termino por lavarse las manos de la sangre de un justo.
El drama finalizó en el Cerro de la Estrella, donde Cristo fue crucificado en medio de dos ladrones, los escarnios de los soldados romanos y su ruego: Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen.